Filosofía

Tres aristas de amor

Las afortunadas palabras de Carla Crempien sobre Gloria, me invitan a reflexionar brevemente sobre el lugar y la importancia del amor para quienes ya empezamos a contar las décadas vividas con algo más que los dedos de una mano.

Hemos ido descubriendo que nuestro individualismo no nos ha aportado la paz interior que esperábamos. “Este posee una faz iluminada y clara: son las libertades, las autonomías, la responsabilidad. Pero también tiene una faz oscura, cuya sombra crece en nosotros: la atomización, la soledad, la angustia.”(1)

Las certezas de antaño sobre lo que construimos parte significativa de nuestras existencias, además de algunos castillos en el aire, son hoy “aquellas pequeñas cosas” a las que hoy debemos gratitud sin más.

Sin habérnoslo propuesto, hemos debido aprender, a nuestras expensas que” La infidelidad camina del brazo de la felicidad, (y que ésta) reposa a los pies de aquella” (2)

Nos cuesta admitir la indeterminación y lo imprevisible de nuestro transitar por el mundo. Intuimos que es en el amor que podemos encontrar sustento y fuerza para enfrentar los días de cada día. Pero ¿qué amo? ¿La pasión?¿La amistad? ¿La caridad? Yo prefiero volver a la terminología griega, menos contaminada por tantos siglos de clericalismo, y hablar de:

Eros, (el amor que atrapa, que no sabe sino sufrir o gozar, que no sabe sino poseer o perder).

Philia (el amor que se regocija y comparte, que hace el bien a quien nos lo hace).

Ágape (el amor que acepta y protege, que da y abandona, que no necesita recibir nada en retorno).

Es ese amor, nutrido en lo más noble de cuanto pudieron decir Sócrates, Aristóteles, Spinoza y, por cierto, el Cristo de los Evangelios, al que podemos apelar, el que podemos reivindicar.

Si miramos con benevolencia hacia atrás, veremos que esto no nos es tan extraño, pues seguramente, hemos conocido la pasión y la entrañable amistad y probablemente hemos, alguna vez, amado sin espera recompensa alguna.

Hoy, a nuestros años, podemos reconocer en los lazos de afecto que nos unen a quien amamos, esa tríada virtuosa de sentimientos; sentimientos indisociables, que nos permiten decirle, llenos de dicha y sin afectación: gracias por ser como eres, gracias por existir y por ayudarme a existir.

(1) Edgar MORIN, Amor, Poesía y Sabiduría.

(2) Tao-te-King.

Gabriel Salinas / Sociólogo. Doctor en Ciencias Sociales de l’ Université Libre de Bruxelles, Bélgica. Estudio de doctorado en filosofía en la Universidad de Chile. Colaborador en la APCH (Asociación Chilena de Psicoanálisis).

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