Opinión

Un desafío para la educación

En la actualidad, se requiere aprender a pensar desde una reflexión no lineal para no perderse en el mapa.

Con la entrada de la modernidad cibernética ha cambiado la percepción de lo que aparece o se mira, la realidad tiene más costados, más aristas, más posibilidades de existir en uno y dar vida fuera a lo que era impensable.

En el léxico cartesiano, el pensamiento se adhiere solo a la alfabetización social, y encasilla las imágenes por orden, clasificación y juicios lineales. Es aplicable al sistema de sociedad imperante, pero QUEDA CORTO. La palabra está perdiendo su capacidad de abstracción, como así la imagen, de idear lo propio.

En estos tiempos, el lenguaje “social” consume comunicación más que significado.
“Compro la a, b, c, d, g…”. código de barras de toda hora y a la orden del día. El habla se despersonaliza. La articulación de la inteligencia sensible pierde su lugar.

La lectura lineal que encadena secuencias de imágenes y con ellas, pensamientos que nos atrapan en un cuento – en una historia que no siendo propia hacemos propia al ser conducidos a su significante -, ahora, desaparece y otra modalidad viene a incorporarse. Una lectura “muda” a tono con el silencio individual, que activa una experiencia singular, dentro de la expresión social colectiva.

Dentro del caos lineal, cabe ver, una oportunidad para alcanzar la propia individualidad, cuya expresión coexiste con un todo.

En este ciberespacio una palabra ofrece mil direcciones y no se encadenan. Una lectura muda de signos desprovistas de lenguaje fonético y del significante. Una lectura sin huellas a la que volver, sin memoria de tiempo ni trazo, en constante cambio, viva en sí.

Siendo así, y desde este enfoque, queda a la educación el desafío de enseñar con “ventana abierta”: que anime al alumno, desde su percepción, a idear o desarrollar su entrada y la solución de conectividad con ella. Es decir, una enseñanza que no se basa en aplicar ecuaciones a la variable constante y en serie, un vocablo que más que ayudar a reconocer los signos, permite distinguir las variables y extraerlas para crear la ecuación operable propia.

Al enseñar a “ventana abierta” ; el alumno espectador se vuelve autor de su cognición de forma activa, no pasiva. “ Hago mío lo que no sé”, abre la llave, abre su posibilidad.

Francisca del Sol / Arquitecto de la Universidad Finis Terrae. Nacida en Barcelona. Movida por la inquietud, crea, pinta y escribe.

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