Cine

El hobbit.

La desolación de smaug

La historia fantástica de Tolkien, que transcurre en bosques oscuros, montañas azules y desolados valles, nos remonta al viejo épico en busca del hogar perdido y arrebatado. En esta travesía, emprendida por un grupo de enanos, un hobbit y un mago, todos ellos deben llegar a la montaña solitaria y derrotar al dragón Smaug que cautela el tesoro y el antiguo desmoronado reino. En la travesía aparecerán una variedad de criaturas, enemigos y adversidades, pero también aliados inesperados. El lenguaje de la película es la aventura mágica y extraordinaria, llena de personajes mitológicos y la historia se desarrolla y crece en torno y a las muchas pruebas y dificultades que van surgiendo en el camino a la recuperación.

LA BÚSQUEDA DE ALGO PROPIO

Para quienes no estén tan familiarizados con las narraciones fantásticas, ésta es una buena posibilidad de entrar en un mundo mágico, que finalmente cuenta una historia conocida por la mayoría: la búsqueda de lo propio, de algo que una vez estuvo y fue cierto, tal vez el origen, alguna verdad y también una dignidad y el honor.

En búsqueda es representada en “ La desolación de Smaug”, como la tierra y las riquezas de los antepasados, lo que les pertenece y de lo que han sido despojados. Parte de nuestra historia puede ser reconocida en esta trama. Un lugar, un objeto, una verdad de gran valor que hay que recuperar, por esto se han de dar muchas batallas, como una odisea, que una vez iniciada es casi imposible volver atrás.

Desde ahí para adelante, como ocurre con toda obra creativa, es posible viajar dentro de uno en reflexiones y emociones que surgen desde la subjetividad y la propia historia.

La inherente necesidad de búsqueda del humano, de ir al pasado a encontrar verdades o a reparar, quizá sea nuestra ilusión de recuperación, porque al volver ahí no está toso igual: ni la tierra de los antepasados, ni tampoco somos los. Mismos. Sin embargo, en el viaje al pasado hay una reconstrucción, una nueva creación y descubrimientos inesperados acerca de uno mismo (aliados también). Es así como el viaje no es en vano y se puede regresar con un tesoro.

Me acordé de esa casa que volaba, colgando de mil globos de colores, buscando un lugar soñad, un sueño compartido con su querida esposa, por el viejito de la película UP. Aunque ella ya no estaba, el sueño y la búsqueda igual valían la pena.

¿Por qué?. Porque llegar ahí era una:
Forma de volver a encontrarla, para despedirse y seguir caminando.

Le pregunté a un niño, que fue mi compañía durante El Hobbit, qué fue lo que más le gustó, y él me contestó: “me impresionó que después de todo, el dragón de nuevo va a estar tratando de destruir la ciudad” (…) “no es como otras veces, que le dragón podría haberlo derrotado o él mismo podría arrepentirse”. El dragón no tiene ley y es muy fuerte, pensé. Nuestros dragones, a sea nuestras amenazas internas son reguladas y avanzamos, pero las más de las veces vuelven a aparecer, nos encuentran mejor o peor parados, y así, los ciclos.
En esta época al finalizar el año y empezar uno nuevo, nos disponemos a seguir buscando y nos deseamos unos a otros encontrar paz, prosperidad, amor. Puros tesoros! Buscados, encontrados y una vez más amenazados. En contraste, ciertas líneas de pensamiento en culturas orientales nos muestran algo distinto, interesante: dejar de buscar, observar y estar plenamente ahí. Me llega como una bella invitación.

Carla Crempien / Psicóloga clínica de la Universidad de Chile. Ph(D) en Psicoterapia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad de Heidelberg, Alemania. Postítulo en terapia familiar y de parejas simbólico – experiencial, Instituto de Psiquiatría y Psicología de Santiago de Chile.

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