Edición Europa

2024 número 4

Soy una cuestión de identidad

Literatura

Bariloche

Rompecabezas de un desarraigo

“Bariloche” (Alfaguara, 2015), la primera novela del hoy consagrado escritor argentino-español Andrés Neuman, es un retrato desgarrador y potente del desarraigo y soledad de un migrante interno y de sus intentos por reconstruir las raíces perdidas.

Demetrio Rota no encaja en la ciudad. Nada en su vida cuadra desde que, muy joven, tuvo que abandonar su Bariloche natal, sus cerros, su lago y esos arrayanes que acunaron su primer amor de adolescencia que lo obsesiona. Su mundo se desmoronó con la partida. Hoy trabaja como recolector de basura en la capital y en un intento por recrear su cosmos perdido, se sienta cada tarde a armar rompecabezas que reproducen paisajes de su tierra sureña. Una vez compuestos, los pega y los guarda con cuidado: “necesito tener algo que no esté roto”.

La metáfora es elegante y Andrés Neuman la desarrolla de manera delicada y poética. Pieza tras pieza, Demetrio recompone temporalmente el sentido perdido. El paisaje que se forma lo reconforta: el bosque, el cielo, la isla, en una palabra, la naturaleza que el ideal romántico de poetas como Wordsworth veían como fuente de “nomos” u orden significativo, justamente el que Demetrio no logra encontrar en la sociedad que lo rodea.

Cuando se sienta a encajar piezas, este complejo personaje -ya incapaz de formar vínculos personales estables- se transforma. La prosa, sutil y sugerente, pasa de la tercera persona al “yo” del protagonista y escuchamos la voz de Demetrio que convierte la apatía en emoción; la indolencia, en pasión. En esos instantes, deja de ser ese hombre que nadie ve, ese que retira las inmundicias de la ciudad mientras todos duermen y que se esfuma a su cuartucho apenas aquella despierta. En esos momentos, ya no se siente fuera de lugar, sino que encuentra su lugar, aunque sea evocándolo a la distancia.

La geografía humanista de estudiosos como Yi-Fu Tuan distingue el “lugar” del “espacio”. Bariloche es para Demetrio su lugar, esto es, un espacio que ha sido transformado por su experiencia, al cual le ha atribuido significación y que despierta una respuesta afectiva intensa. Ahí se siente seguro. Por contraste, la ciudad en que vive es para él un “no lugar”, un paisaje despersonalizado que lo desestabiliza, porque ha sido incapaz de hacerlo “lugar”.

Lleva a reflexionar sobre qué espacios ofrecen nuestras ciudades a migrantes como Demetrio y qué posibilidades se les da para que puedan transformarlos en su lugar. No sea que ocurra como al protagonista de esta novela, quien, cuando ya las piezas del puzle no encajan, solo es capaz de hacer suya la fétida mole del vertedero.

 


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Carolina Gazitúa / Periodista de la Universidad Católica de Chile y Bachelor of Arts en Humanidades y Música de la Open University del Reino Unido. Se ha especializado en periodismo económico y cultural, con publicaciones en los diarios El Mercurio y Estrategia de Chile.

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