Edición Europa

2024 número 4

Soy una cuestión de identidad

Teatro

Entrevistas breves con mujeres excepcionales

Entrevistas breves con mujeres excepcionales

SER PERFECTA

“Nadie es perfecto, la perfección es un ideal inalcanzable, un objetivo que nos ayuda a avanzar”-. Estas son las palabras de Natalia Yaroslavna, la Barbie humana, una de las cinco mujeres ficticias entrevistadas en esta obra teatral del dramaturgo Joan Yago.

Vivir buscando la perfección es el motor que nos impulsa a cambiar y evolucionar, tener motivación y objetivos es esencial para que nuestra vida tenga sentido. Por lo tanto, quizás no es tan importante llegar a esa perfección, sino el camino que recorremos para llegar a ella, pero si esa búsqueda se convierte en una obsesión, puede aparecer la autoexigencia extrema y el juicio feroz sobre nosotros mismos.

Desde pequeña, el objetivo de Natalia ha sido parecerse a Barbie, una muñeca que se ha considerado socialmente como «la perfección»: un cuerpo escultural, una casa grande, un coche bonito y su musculada pareja, Ken. ¿Qué ideales transmite a las niñas? Que se necesita todo esto para tener una vida feliz. Estas expectativas de vida pueden llegar a ser muy frustrantes, lo que posibilita la presencia del malestar emocional, o bien el conformismo infeliz. O, como dice Natalia, la mediocridad.

Los cánones de belleza tienen un impacto muy severo en la sociedad, especialmente en las mujeres, quienes han sufrido más la influencia poderosa de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Toda la vida las mujeres han tenido la exigencia de ser agradables con todos y educadas para sentirse validadas por la figura del hombre, autogenerándose una enorme presión, incluso, de forma inconsciente. Como dice Natalia: Si el mundo me escucha, es porque soy una chica guapa, refinada y femenina, es decir, porque me acerco al ideal de belleza, la asociación entre el cuerpo perfecto y el éxito. Ella se siente aceptada por estas mismas razones. Pero ¿este cuerpo y aspecto, son reales? Debido a esta idea, pueden aparecer los trastornos de la conducta alimentaria y los trastornos emocionales, muy frecuentes en la actualidad. Estos inputs del exterior tienen un impacto muy importante en la autoestima, favorecen la comparación y, probablemente, la infravaloración de una misma.

La autoestima se va construyendo en la infancia a través de la educación que recibimos de nuestros padres, también influenciados por el contexto. ¿Os suenan estas frases? «callada estás más guapa», «así no te querrá nadie», «no comas tanto que engordarás», «no seas tan mal hablada», «¿a dónde vas así vestida?» Todas ellas representan un lodazal por el que caminamos desde muy pequeñas y del que no podemos evitar ensuciarnos. Desde la infancia vamos construyendo nuestro propio esquema mental y, cuando llegamos a la adolescencia, empezamos a formar, de manera más consciente, nuestra identidad, influenciada por este fango pegado a nuestro cuerpo y del que cuesta mucho desprenderse.

Nos enseñan a cómo ser felices, a perseguir un ideal de vida que, generalmente, es inalcanzable, a competir y a sentir envidia desde el odio; pero no nos enseñan a ser libres, a conocer realmente lo que necesitamos, a poder construir una autoestima sana desde pequeñas, ni tampoco a aceptarnos como somos, y sin aceptación nunca habrá transformación. Si luchamos contra nosotros mismos, ponemos toda nuestra energía en aquellos aspectos desagradables, dándoles, por lo tanto, más protagonismo. Con la compasión conseguimos entendernos, querernos y aceptarnos y es entonces, cuando el cambio llega a nuestras vidas.

 

Entrevistes breus amb dones excepcionals, Teatre Nacional de Catalunya (TNC), marzo 2024.

Judith Medán Cortés / Psicóloga por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), especialitzada en Psicologia Clínica Infanto-juvenil por l’Institut Superior d’Estudis Psicològics (ISEP, Barcelona).

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