Edición Europa

2024 número 4

Soy una cuestión de identidad

Teatro

Hedda Gabler

ANSIAS DE IDENTIDAD

Luego de ver esta obra puede quedarnos una pregunta inquietante: ¿Cómo, siendo la protagonista una villana manipuladora y cruel, puede haber algo en ella que nos hace sentir simpatía, incluso cierto afecto?

Esta obra puede pensarse desde diversas miradas. Una, sería desde la psicología: al analizar la personalidad de Hedda, encontramos una clara falta de empatía, dificultad para amar, manipulación y una crueldad considerable. En su infancia maltrata a su amiga, más tarde induce al suicidio a su amigo escritor, dándole incluso el arma. También le quema el manuscrito del libro que acaba de escribir, todo porque no soporta que su amiga sea feliz con él.

El psicoanalista francés Jaques Lacan podría decir que se trata simplemente de una canalla, una persona que, ante la opción de poder actuar con maldad, elige hacerlo libremente. En cambio, el psicoanalista inglés Donald Winnicott, al analizar personalidades antisociales, encuentra que tempranamente sufrieron una pérdida irreparable, a la que denomina deprivación. Estas personas no sienten culpa porque parecen pensar tengo derecho a ser malvado/a por eso que alguna vez me hicieron. Algo que podría aplicarse a las palabras y acciones de Hedda.

Otra mirada sería la política. Esta obra surge en la Belle Époque, una sociedad modelada por un incipiente capitalismo industrial colonialista, caracterizada por la cultura urbana, los modales victorianos y fuertemente atravesada por las luchas de las mujeres sufragistas. Una lectura sociológica vería los conflictos, padecimientos y deseos de los personajes, como los propios de las subjetividades de esa época. Ibsen escribe previamente Casa de muñecas (1879), estas dos obras conformarían una radiografía de la feminidad de aquel momento.

Sus protagonistas, Nora y Hedda, son “amadas” por maridos a quienes parece no interesarles conocerlas realmente, lo que las deja sumidas en una profunda soledad. Ellas son radicalmente distintas, Nora es infantil y optimista, Hedda astuta y destructiva. Ambas parecen haber construido estrategias adaptativas de supervivencia frente a un mismo sufrimiento: no poder ser plenamente ellas, atrapadas en lugares sociales que ahogan algo de lo propio; en relaciones donde no tienen el mismo poder que el otro, aceptando un pacto injusto que no pueden denunciar, rehenes de una manipulación que combina amenaza y amabilidad, una situación similar a la que produce el Síndrome de Estocolmo, donde la víctima se enamora de su victimario. Solo que ellas no se enamoran, son conscientes de la trampa, desean escapar y acarician la idea del suicidio como salida, impulsadas por un profundo anhelo de ser plenamente ellas mismas.

Cualquier similitud con la película Thelma y Luise (1991) no es casual. Son mujeres que también quieren ser ellas mismas, escapando libres en su auto descapotable, y cuando les cierran todos los caminos, se dan cuenta que ya no es una opción para ellas vivir encerradas en sus estrechos roles sociales y saltan al vacío. Quizás la magia de estas historias resida en que ellas no renuncian a este deseo de ser plenamente.

De alguna manera, esta obra de teatro escrita hace más de un siglo parece venir decirnos que, si bien hemos tenido importantes avances desde la Belle Époque, como sociedades en transformación, todavía nos queda mucho trabajo por hacer.

Hedda Gabler, Teatro Nacional Cervantes, Buenos Aires, agosto del 2023.


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