Edición Europa

2024 número 4

Soy una cuestión de identidad

Literatura

La buena suerte - Libro Resiliencia

La buena suerte

NARRAR PARA RECONSTRUIR

“Yo es que siempre he tenido muy buena suerte, ¿sabes? Y menos mal que soy así de afortunada, porque, si no, con la vida que he tenido, no sé qué hubiera sido de mí”. La frase encierra una aparente paradoja y la dice Raluca, coprotagonista de una de las novelas de Rosa Montero, titulada, precisamente, La buena suerte.

Al saber más sobre la historia de Raluca, la paradoja es total: fue abandonada en un parque a los diez meses de edad; la pre-adoptaron y devolvieron cuando la pareja logró tener un hijo biológico; vivió en hogares de acogida y centros de menores y después de egresar de uno de ellos fue a parar, por una crisis de nervios, a un hospital psiquiátrico donde la mantuvieron sedada un año entero. Ya fuera, trabaja como cajera de supermercado en un pueblo que la autora describe como el lugar “más feo del universo”. Eso, sin contar con que su último novio era drogadicto y alcohólico, y que ella pagó las consecuencias.

Sin embargo, Raluca afirma que tiene buena suerte. Porque si bien ha encontrado en la pintura una manera de expresarse, son las palabras las que hacen de ella la persona que es. Tal vez no lo sabe conscientemente, pero lo intuye; por ejemplo, cuando reconoce que dependiendo de si está nerviosa o no, cuenta que la “abandonaron” o la “encontraron”.

Decir que “el lenguaje crea realidades” es casi un lugar común, pero quizás por lo mismo encierra verdad y sentido. Solo al nombrar le damos realidad a aquello que nombramos. Filósofos, científicos e intelectuales han reflexionado al respecto. Y los escritores, artesanos y artistas de la palabra, lo llevan a la práctica en su propio oficio. Así son capaces de mostrarnos hasta qué punto la vida es cómo la narramos; cómo se la contamos a los demás, pero sobre todo a nosotros mismos. No se trata de inventar, sino de poner en palabras lo que está en el interior de cada uno, quizás oculto, dormido o dañado.

La madre de Raluca la abandonó, por razones que desconocemos, pero alguien la encontró y la salvó. Cuando ella elige contar lo segundo -a los demás, y así misma- está revelando una sencilla y a la vez profunda pauta de resiliencia a través del lenguaje.

En su exitoso ensayo El infinito en un junco, Irene Vallejo señala al filósofo griego Antifonte (480 a.C-411 a.C.) como un “auténtico pionero que podría figurar en la vanguardia del psicoanálisis y las terapias de la palabra”. Consciente del poder que tenían sus discursos sobre el ánimo de las personas, empezó a atenderlas directamente en un local en Corinto. La experiencia le demostró la necesidad de hacer hablar al doliente, “porque buscando las palabras a veces se encuentra el remedio”, escribe Vallejo.

Después de veinticinco siglos, e innumerables avances científicos, la capacidad de renombrar los hechos dolorosos y descubrir en ellos la escasa luz que puede quedar encendida sigue siendo una manera de cambiar nuestro destino.

María Teresa Cárdenas / Periodista de la Universidad de Chile, se desenvuelve en el ámbito cultural como columnista y editora. Fue una de las fundadoras del suplemento Revista de Libros del periódico chileno El Mercurio, y subdirectora del suplemento de Artes y Letras, del mismo diario, donde publica asiduamente entrevistas a escritores. Especializada en Literatura, es coordinadora del premio Revista de Libros.

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