Edición Europa

2024 número 4

Soy una cuestión de identidad

Teatro

La Reina de la Belleza de Leenane

La reina de belleza de Leenane

VÍNCULOS IDEALIZADOS

La Reina de la Belleza de Leenane del dramaturgo Martin McDonagh, es una obra internacionalmente reconocida. Aquí la podremos pensar partiendo de lo que tiene de estructural y nos viene anunciado en el título: realeza, belleza y lugar.

Ambientada en la Irlanda rural, de donde todo el mundo huye o se queda y languidece, nos presenta no solo el drama entre una hija y una madre, sino también la idiosincrasia de un país. La dependencia de Irlanda hacia Irlanda (madre patria), así como la dependencia de Maureen por su madre (Mag) son el hilo conductor; lo que debería recordarnos que no hay drama interno sin contexto externo, y no podemos pensar en una relación madre-hija sin pensar en la función materna y el lugar de la mujer en las particularidades de una cultura y una época.

La Maureen en escena es una mujer desinvestida de sí misma, despojada de identidad, que parece triunfar sobre una vieja aburrida y enferma, su madre.  Algunos dicen que fue la reina de la belleza en su juventud. No hay belleza sin mirada, así es que: ¿quién mira, en los ojos de quién está la belleza? El hombre que ha estado lejos y vuelve, Pato, un antiguo admirador. El hombre que fue tras su deseo y ahora viene a revelarlo, el hombre que puede separar, pero no cumple la función de separar, como muchos hombres.

Estas dos mujeres permanecen juntas, incluso después de la muerte, sobre todo después de la muerte. Porque este drama es el del «amor» absoluto, el de la pasión que todo lo consume. No nos dejemos embaucar por los malos tratos, el egoísmo, las concesiones que Maureen hace a su madre, que parecen mostrarnos una dinámica víctima-victimario. Lo que tenemos aquí es una madre que pide y una hija que da. Una locura bidireccional: yo lo soy todo para ti, tú lo eres todo para mí.

El psicoanalista francés Jacques Lacan habla mucho de la relación madre-hija. Podemos ver en el arte y en la clínica como en la relación madre/hija puede, aunque no hay nada de inevitable en ello, generar dinámicas de demanda, envidia y competitividad. En la clínica, a menudo vemos a mujeres consumidas por relaciones conflictivas con sus madres, que aman y odian con la misma fuerza, con la misma pasión; con la que mantienen relaciones de cercanía y a la vez una terrible lejanía emocional. ¿Y qué decir de las madres que acuden a nuestras consultas desoladas por el desencuentro con sus hijas?, madres que siguen intentando hacer lo imposible para hijas que no existen.

Sería tan bonito poder deconstruir la figura materna, no solo en lo personal, también en lo cultural; poder construir una madre (con errores) y poder soltar la figura de “La Madre”: ese extraño ideal. Mirar a la figura materna, reconociéndola como la madre que fue/es posible ser y tener. Solo así podríamos pensar a una hija como muchas hijas a la vez.

Las mujeres, nos recuerda Lacan, son plurales. Cada una con su modo de amar, de gestionar sus deseos de vivir, su ambivalencia. Cada una con su ritmo de presencia y ausencia, con sus aciertos y sus errores. Crecer, quizás, sea separarnos de “La Madre” y abrirnos al mundo, a otros amores, y así podremos llevar a la madre con nosotros.

Solo así entre madre e hija puede florecer el buen amor, permitiendo a esta relación, justamente, la belleza.

Raquel Laranjeira Pais / (Portugal) Escritora y psicoanalista con maestrados en Psicoanálisis y Filosofía de la Cultura en la Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Ordem dos Psicólogos Portugueses, y autora del libro de cuentos «Trinta e três de agosto» (Editora Perspectiva, 2020).

Deja un comentario