Edición Europa

2019 numero 1

Sociología

Nuestra proverbial ambigüedad

A pesar de la prevalencia de muchos arcaísmos, Chile luce cada día más moderno. A esta constatación se añade otra, menos airosa: nuestra modernidad ha sido, desde sus comienzos, un factor de orden y estabilidad en lugar de ser un aguijón crítico e innovador. Desde sus inicios, nuestro quehacer intelectual y artístico se fue distanciando de la Modernidad del siglo XIX y del primer tercio del XX. La atención y los énfasis fueron deslizándose de lo efímero hacia lo inerte; de la fulguración espontánea hacia la norma; de la atracción seductora hacia la compulsión; del conformismo radical al conformismo ramplón.

Nuestra ambigua modernización se profundiza, convirtiendo nuestro país en un “paraíso del consumo”, en el que la población se deleita en el fáustico espectáculo de la abundancia de cosas…

“Paraíso” circundado por un vasto “páramo” (1) en el que los habitantes han dejado de ser sujetos, es decir actores\autores de la cotidiana historia, transformándose progresivamente en meros usuarios, clientes, objetos de decisiones administrativas, económicas, políticas, etc.

Y así, sin que lo viejo acabe de morir, ni lo nuevo termine de nacer, hemos entrado al tercer milenio de la compañía de países que han alcanzado los niveles de desarrollo integral, como la atestigua una elemental comparación de nuestra situación con la de los países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el desarrollo económico).

En el “desencantado mundo” de esta modernidad sui generis, son muchas las personas para quienes es muy difícil, si no imposible, asignar fines relevantes a sus existencias; ello fortalece la apatía, la indiferencia y el repliegue de cada quien en su nicho, con el inevitable detrimento de las relaciones interpersonales y de la vida social en su conjunto.

“Entre en usted mismo – aconsejaba Rilke – trate de decir, como si usted fuese el primer hombre, lo que usted ve, lo que usted vive, ama, pierde…diga sus tristezas y sus deseos, sus pensamientos imprevistos, fe en una belleza. Diga todo ello con una sinceridad íntima, tranquila y humilde…”. Y el poeta sugería: “Alcance las profundidades, porque hasta allí o llega la ironía” (2).

El consejo de Rilke señala el prerrequisito del trabajo que el individuo tiene por delante para alcanzar su dignidad, navegando a contra – corriente y en sentido inverso al movimiento de las masas.”… los grupos están, casi siempre, sometidos a la gravedad; es decir, a la lógica descendente de las condiciones de última instancia. ¿Qué grupo no requiere la riqueza a la justicia? ¿El poder de la virtud?¿La buena conciencia del amor?” (3) Es esa pendiente, que a veces nosotros podemos remontar, cuando poco por poco que fuere, escapamos a la fuerza de la gravedad del grupo. En ese nadar aguas arriba, el individuo debe “elevarse de la economía de la política, de la política a la moral, de la moral del amor”. (4)

Estamos presenciando hoy en chile, algo de esa laboriosa negación que está haciendo emerger nuevos ciudadanos, desde la informe masa de consumidores.

Es vital no olvidar que, para oponerse a la gravedad y eludir la inercia ambiente, es necesaria una fuerza interior considerable. Los creyentes encontrarán en la gracia una fuerza que los eleve; y para aquellos que no conocen la fe, el siguiente testimonio puede serles significativo: “No conozco sino estas dos fuerzas, tan febles, tan frágiles, tan irrisorias: la voluntad y el amor. Que ellas puedan bastarnos, nada lo garantiza, pero algunos lo han mostrado.”(5)

  • (1) Tomás Moulian, Chile actual, anatomía de un mito…
  • (2) Reiner Maria Rilke , carta a un joven poeta.
  • (3) André Comte-Sponville, Valeur et Vérité, études cyniques
  • (4) Ibidem
  • (5) Ibidem

Gabriel Salinas / Sociólogo. Doctor en Ciencias Sociales de l’ Université Libre de Bruxelles, Bélgica. Estudio de doctorado en filosofía en la Universidad de Chile. Colaborador en la APCH (Asociación Chilena de Psicoanálisis).

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