Edición Europa

2024 número 4

Soy una cuestión de identidad

Teatro

A un metro de distancia - Teatro

Solo un metro de distancia

Comprender y sanar el daño

Inma es una mujer de unos treinta y tantos, lleva una vida aparentemente tranquila, un equilibrio precario que se desestabiliza cuando un día, paseando por la playa, recibe una llamada telefónica. Es su hermana que le cuenta que está embarazada de una niña. En ese momento, como un torrente, la inundan los recuerdos del abuso sexual que sufrió en la niñez por parte de su padre. El resurgimiento de la memoria acallada durante mucho tiempo la enfrenta a una difícil decisión: revelar a la familia y personas cercanas el abuso, o guardar silencio.

Sólo Un Metro de Distancia es una obra de teatro que trata sobre el daño. Lo que significa para quien lo sufre, lo que arrastra y cómo se vive con él. A la vez, es una obra que habla de quienes, de diversas maneras, rodean a la persona dañada.

Primero, está el daño que soporta la víctima. Vivir un abuso sexual, en determinadas circunstancias, afecta a todas las áreas de la vida de un niño o niña, incidiendo especialmente en la esfera emocional: baja autoestima, sentimiento de culpa, estrés postraumático, trastornos de ansiedad y depresión con ideas y conducta suicida;  también problemas para confiar y establecer amistades. La impronta es un dolor y sufrimiento que pueden permanecer por largo tiempo, para toda la vida.

Antonio Guijosa, el autor y director de la obra, pone en escena ese dolor que ha experimentado Inma en la forma de sus recuerdos y los intentos para olvidar.

La distancia a que hace alusión el título propone a los espectadores la existencia de un trecho entre lo que pensamos que somos, lo que realmente somos y cómo nos vemos a nosotros mismos. Nos presenta la disociación y el bloqueo de los hechos para sentirlos como algo ajeno, como si le hubiera ocurrido a otra persona. Lo que puede parecer una patología, mirarse desde fuera, escindirse, es, según su propuesta, una forma de supervivencia, de salvarse y avanzar. Esta disociación es la que ha permitido a Inma vivir de una manera más o menos adaptativa hasta la tarde en que recibe la llamada de su hermana.

La otra distancia es la que se establece respecto a quienes están alrededor, quienes conviven o se enteran del abuso. Independientemente del grado de cercanía que tengamos con la persona, surge la pregunta: ¿llegamos a comprender en su totalidad la experiencia de daño de quien lo padece?

No hay una respuesta sencilla. Con nuestra mejor intención podemos intentar “ponernos en el lugar” de la víctima, equipararlo a alguna vivencia de sufrimiento propia, pero siempre existirá esa distancia. Insalvable.

Hablando de resiliencia y la posibilidad de sanación, la función plantea otra cuestión aún más inquietante: ¿quiénes rodean al que sufre están autorizados a intervenir? ¿Es legítimo erigirse como experto en daño ajeno para actuar, incluso por sobre la decisión o recursos de la afectada?

En ocasiones, no entender el dolor ajeno hace que éste nos empiece a “estorbar”. Esta pieza teatral nos interpela sobre esa incomodidad, dejándonos un mensaje que va directo a lo que el autor llama “la dictadura de la felicidad”: el camino a la sanación no pasa por los intentos de que la persona “pase página” o “no se quede pegada en lamentos”. Su proceso es complejo y tiene, sobre todo, sus propios tiempos. Como le pasa a Inma, lo que parece enterrado para siempre, en cualquier momento puede volver a emerger.

Al aproximarse a las vivencias de abuso en la niñez, es imprescindible no enfocarse sólo en las graves consecuencias que el maltrato produce, sino también en los recursos infantiles que permiten conquistar un desarrollo saludable a pesar de otros factores amenazantes.

Desde esta orientación, juega un rol primordial el contexto familiar y social en que viven la niña o el niño. Inmerso en éste, el papel de otros adultos significativos en la vida de la víctima es crucial. La evidencia muestra que si en el camino a la madurez se estimula el establecimiento de relaciones de confianza con otros mayores cercanos o la participación en actividades con contenido valórico o espiritual, que promuevan una visión trascendente, es posible ir sanando poco a poco las heridas. A la vez, dar a la persona la posibilidad de disfrutar de momentos de alegría y humor o desarrollarse en el área de la creatividad y el arte, resultan fundamentales para resistir a estos dolorosos avatares de la vida.

Beltrán Stingo / Psicólogo Universidad de Chile y Coaching ontológico, también máster en Guión de Cine y Televisión, guionista y director de documentales. Consultor en Liderazgo, trabajo en Equipo y Habilidades Directivas, además de Profesor universitario.

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